miércoles, 20 de marzo de 2019

Actividad IV: Mi otro yo


Mi nombre es Po, soy un joven panda y procedo de un lugar llamado Valle de la Paz, en China. Un lugar estupendo en el que vivíamos tranquilos y en paz con el resto de especies. Mi trabajo allí era proteger el Pergamino del Dragón, un documento que al leerlo otorga un poder sin límites. El maestro Shifu, a sabiendas de mi torpeza y holgazanería, me enseñó el arte del Kung-Fu, ese arte que tanto me ha gustado desde que nací, para poder integrarme en el grupo de protección del pergamino. 


Yo era feliz protegiendo ese tesoro, hasta que un día todo cambió. Fue hace dos años, era un día lluvioso de invierno, hacía tanto aire que las flores de pascua que habían plantadas en la plaza del valle se quedaron sin hojas. De pronto, sonó la alarma de la prisión que evidenciaba que la ciudad estaba en peligro. No tardamos en imaginarnos que el malvado Tai Lung había escapado de su celda y se aproximaba a la ciudad con el objetivo de robar el Pergamino. Los guardianes nos pusimos en marcha para capturarlo, pero por motivos que me avergüenza desvelar, no lo conseguimos. Tai se hizo con el poder del pergamino, pero no solo eso, para vengarse por haber estado en prisión nos lanzó un conjuro con el que nos transformó en pandas zombis. Nuestro cuerpo cambió, nos volvimos fuertes, agiles y nuestro olfato mejoró repentinamente, lo peor de todo es que nos entraron unas ganas irremediables de comer personas. 


Ante tal revuelo, los humanos, sin saber que nuestra intención era protegerlos, decidieron mandarnos a un centro de rehabilitación de mascotas donde no pudiésemos hacer daño a nadie. El viaje fue largo, y tras mucho tiempo navegando por el océano, conseguimos llegar a aquel sitio, en Albatera (un pequeño pueblo de Alicante) donde decían que nos ayudarían a rehabilitarnos, pero que al final tan solo era un zoológico en el que debíamos encargarnos de cocinar fideos para los visitantes.

Yo nací para proteger a mi ciudad, a mis familiares y vecinos y no estaba dispuesto a seguir allí ni un día más, pero debía hacer algo con mis ganas de matar, no podía volver así. Yo no quería ser de esa manera, pero no podía evitarlo, era una fuerza que salía de dentro y no podía parar, necesitaba ayudaba. Ya había probado ir al grupo de ayuda GULA (Gomias Unidos sin Límites Anónimos) para calmar mi sed de comer humanos, pero no me dio resultado y acabé comiéndome a mis compañeros. Pero estando en esta asociación leí unos papeles que hablaban sobre una tal Moura, una vampira que había conseguido cambiar su hábito de alimentación. Y fue en este momento cuando decidí mi camino. 


Creo que ha llegado la hora de hacer un viaje a Gomesende (Galicia) para aprender las habilidades que ha adquirido Moura y de esta manera no sentir la necesidad de comerme a cualquier ser humano. Si lo consigo, por fin podré volver a mi hogar, al Valle de la Paz, de donde nunca debí haber salido. Y poder así proteger a mi ciudad del malvado Tai.

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