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jueves, 18 de octubre de 2018

La mirada del otro

En 2016 yo estaba en 3ºde Educación Primaria y el recuerdo que tengo de ese curso es diferente al resto. Lo recuerdo como un curso divertido, lleno de aprendizajes nuevos y ¡con dos profesoras!

En noviembre entró el director del colegio a clase presentándonos a Raquel, una chica joven de 21 años que llegó a clase llena de vitalidad, entusiasmo y con muchas ganas no sólo de enseñar, sino también de aprender con nosotros. Nos contó que hace unos cuantos años ella también había estado sentada donde nosotros lo estamos ahora, que volvía al colegio con un grato recuerdo y con la intención de hacer prácticas como profesora ya que eso es lo que quería ser en un futuro.

Sin duda alguna, lo que más me gustó fue la manera en la que daba las clases. Ella nos enseñaba lengua, valenciano y naturales. Solía prepararse presentaciones divertidas que proyectaba en la pizarra digital, también se inventaba juegos para que aprendiéramos vocabulario nuevo, o hacíamos concursos como el de Pasapalabra, incluso llegamos a investigar y a descubrir por nosotros mismos los grupos en los que se dividen los animales.

Fueron unos pocos meses llenos de ilusión y trabajo donde Raquel demostró tener mucha paciencia y ser una persona responsable, creativa y muy organizada. Lo que más que me llamó la atención de ella es que se alegraba de nuestros logros incluso más que nosotros mismos, que siempre dejaba un rato de la clase para las dudas y las respondía con mucha amabilidad, además, si alguien seguía sin comprender algo lo explicaba de manera diferente.

A día de hoy sigue viniendo por el colegio para saludar y preguntarnos qué tal nos va, yo siempre le doy un gran abrazo y le digo que ninguna profesora nos ha vuelto a hacer juegos como ella y que le echamos mucho de menos.  Estoy seguro de que algún día logrará su sueño de ser profesora, y cuando lo sea, será de las mejores.

La mirada del otro


Soy alumna del colegio La Salle Alcoy. El año pasado tuvimos en clase de 4º de Educación Primaria a una maestra nueva. Ella no era como la profe Carmen. Andrea era mucho más joven. Era algo bajita, morena, con el pelo muy largo y liso. Parecía una adolescente. Vestía como mi hermana Claudia, que tiene 16 años, por eso todos al principio pensábamos que era estudiante de la ESO y que venía a ayudar a Carmen porque estaba castigada o algo por el estilo. Recuerdo que el primer día que vino, los trabajadores de secretaría se le acercaron para decirle que los alumnos/as de ESO y Bachillerato tenían que entrar por la puerta trasera del colegio y no por la del profesorado. Ella no paraba de reírse.

Lo que más me gustaba de Andrea es que era amable, generosa, imaginativa y siempre aparecía con una sonrisa en la cara. Esto nos ayudaba cuando andábamos un poco tristes, ya que siempre tenía unas palabras bonitas con las que alegrarnos el día.

Un día, en la asignatura de Lengua, la profe Carmen tuvo que asistir a una reunión. Andrea tomó las riendas de la clase y nos explicó los contenidos de la sesión. En el libro aparecía la estructura de una receta de cocina. Nos propuso aprender la estructura de esta haciendo nosotros mismos una receta de verdad. De esta forma, todos los alumnos/as de la clase haríamos una, la escribiríamos y la cocinaríamos, con ayuda de nuestros papás y mamás, para posteriormente presentarla ante el resto de los compañeros/as. El viernes a la hora del recreo teníamos que llevar nuestras recetas escritas, con cada ingrediente y cantidad correspondiente y el producto final, para poder disfrutar de un almuerzo conjunto. Carmen y Andrea también trajeron sus propias recetas. Andrea hizo una coca de chocolate que estaba buenísima. ¡Todos queríamos coger un trozo! Además, el resto de niños y niñas que estaban en el patio también se acercaron a probar nuestras recetas, al igual que el resto de maestros. ¡Había comida para todos!

Creo que fue uno de los días más divertidos del curso. Cada uno de nosotros estábamos muy orgullosos de nuestro almuerzo y además todos llevamos nuestra tarea hecha. Porque las cosas con ilusión siempre las hacemos mejor y con más ganas.

Otra de las cosas que me encantó hacer con Andrea fue la coreografía de la gala de Navidad. Carmen tuvo que ausentarse unos días del cole y ella preparó la música y la coreografía. No me gusta presumir, pero yo creo que fue la mejor actuación de la gala. Fue toda una sorpresa, puesto que todos nosotros empezamos la actuación desde las gradas y no desde el escenario. De esta manera, subimos poco a poco hacia la tarima haciendo nuestros pasos de baile. Creo que fue toda una sorpresa para los familiares. ¡Fue una sensación extraordinaria!

miércoles, 17 de octubre de 2018

La mirada del otro


El curso pasado fue distinto a todos los que había tenido antes. El último día de enero llegó a mi clase una chica joven que no conocíamos, aunque parecía ser amiga de nuestra tutora Sonia, quien le dio un buen abrazo de bienvenida y nos contó que había sido su maestra de logopedia hace muchísimos años. Su nombre, que nos sonó raro al principio, era Inás. Nos contó que estaba terminando la carrera de Magisterio en la universidad y que iba a realizar prácticas como maestra… ¡en nuestra clase! Nos pusimos muy contentos.

Al principio, veíamos a Inás como la ayudante de los demás profesores y como una amiga mayor que nos ayudaba a entender lo que no comprendíamos. Con el paso de los días, nos dimos cuenta de que estaba aprendiendo a ser profesora, pues llevó a cabo algunas sesiones de diferentes asignaturas con la ayuda de Sonia y tenía la posibilidad de darnos instrucciones y solucionar los problemas que ocurrían. Además, durante las clases de castellano ayudaba a Marco Antonio y a Cloe a mejorar en la lectura y en la escritura, y ayudaba a Juan Luis en cada materia para que pudiera seguir nuestro ritmo.

Una de las cosas que mejor recuerdo de Inás es que nos dejaba poner nuestro granito de arena en algunas actividades. Hubo un día en que tuvimos que crear una noticia por parejas y presentarla a nuestros compañeros, así que nos dio la oportunidad de disfrazarnos y llevar el material que quisiéramos. ¡Nuestra clase se convirtió en un telediario y nosotros hicimos el papel de periodistas!

Los días que más me gustaron de todo el mes de febrero fueron los del taller de expresión oral. Durante tres sesiones, la asignatura de Lengua castellana se transformó y nos tocó hablar más que nunca. Inás nos mostró un cortometraje muy bonito de un pájaro llamado Piper y creó diferentes dinámicas. La actividad más impactante para mí fue el Monstruo Comemiedos, en la que tuvimos que hablar de nuestros miedos. La verdad es que yo hubiese preferido hablar de algo más alegre y divertido.

El día tres de marzo fue el último día de Inás con nosotros y, aunque nuestra tutora no se acordaba, nosotros lo sabíamos desde el principio de la semana. Estábamos algo tristes, había sido un mes diferente y le íbamos a echar de menos. Sin embargo, nos prometió que el día del festival de San José nos iba a visitar para ver nuestra actuación, así que le dimos muchos abrazos y nos despedimos de ella con una canción.

martes, 9 de octubre de 2018

La mirada del otro


El 3 de noviembre de 2016 Pepe empezó el día explicándonos un nuevo tema de historia sobre los Reyes Católicos. Mientras explicaba, entró Carmen junto a otra chica. Era una chica de media estatura, y de sonrisa tímida. Parecía estar muy alegre por la expresión de sus ojos, y por la cara de sorpresa y alegría que puso Pepe.


Pepe nos explicó que Vanessa, que así era como se llamaba la chica, fue alumna suya en 5º y 6º de Primaria, como yo ahora. Después de esto, Vanessa nos explicó que estaría con nosotros hasta Navidad, pero luego volvería en el mes de febrero. También nos contó que era estudiante de Magisterio, es decir, que estaba preparándose para ser maestra, y prueba de ello fue que, los siguientes meses siempre me echaba una mano, especialmente en las clases de Matemáticas, Lengua, y a veces en Valenciano.


En ese tiempo, me dio la sensación de que era una chica muy responsable, y paciente, especialmente conmigo y con Luis, que necesitábamos siempre sus toques de atención, además de los de Pepe. Tampoco podré olvidar lo exigen que era, no solo consigo misma, sino también con nosotros.


En diciembre, Vanessa nos explicó la unidad de fracciones, y lo hizo con actividades que ella había hecho y diseñado. Fue divertido ver los nombres de mis compañeros, y el mío, en los enunciados de los problemas, pero además de eso, y lo que justifica que Vanessa fuera exigente, era que siempre, al final de cada clase, nos preguntaba si habíamos entendido la clase y si teníamos dudas, o incluso nos pedía que escribiéramos qué nos había gustado y qué no.


Los tres meses que estuvo con nosotros fueron los mejores de todo el curso, porque me ayudó a centrarme en clase y tratar de prestar algo más de atención. Espero que llegue a ser una buena maestra.  

RESUMEN ARTÍCULO CIENTÍFICO: La enseñanza de la literatura y el pluralismo metodológico : Josep Ballester y Noelia Ibarra A lo ...